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Origen de estos padecimientos
Las enfermedades crónicas, son todas aquellas que nuestras defensas no pueden curar y que tampoco se alivian con medicamentos. Su duración se mide en meses o años, y muchas veces son para toda la vida. La variedad de estos padecimientos se cuenta por cientos o incluso miles, pero algunas de las más frecuentes son: padecimientos cardiacos, diabetes, cáncer, enfermedades auto inmunes, debilidad hepática o renal, asma, etc.
A pesar de que estos padecimientos son muy diversos entre sí, podemos ver algo que los relaciona y los une en un grupo común: son padecimientos propios de la modernidad. Algunos de estos padecimientos ya existían en la antigüedad, pero en muy baja proporción y eran propios de la vejez. Fue a principios del siglo 20, que los padecimientos crónicos empezaron a incrementarse tanto en variedad como en proporción de personas enfermas, y este incremento se ha sostenido de forma continua, constante y alarmante en estas últimas generaciones. A pesar de los avances médicos, probablemente no exista uno sólo de estos padecimientos que se haya ido reduciendo durante las últimas generaciones.

VISIÓN ACTUAL DEL PROBLEMA

El escaso avance que se ha logrado en la cura de este tipo de padecimientos, se debe en buena medida a la forma de visualizar tanto el problema como la solución. Veamos cinco de estos conceptos erróneos o “mentiras crónicas” que prevalecen en nuestros días y que es necesario cambiar para poder realmente avanzar en la prevención y cura de estos padecimientos.

1.- “Las enfermedades crónicas siempre han existido, pero el problema es cada día menor”.
Falso. Algunos padecimientos crónicos probablemente siempre han existido, pero en una dimensión mucho menor a la actual. En prácticamente todos los padecimientos de este tipo, antiguos y nuevos, el porcentaje de personas enfermas se ha incrementado. Padecimientos que ya existían, como el cáncer y la diabetes, que hace cien años eran poco usuales, hoy son un dolor de cabeza para la medicina moderna. Igual de preocupante resulta la cantidad de padecimientos que cada año aparecen y llegan para quedarse. A principios del siglo veinte, los padecimientos serios eran de tipo agudo infeccioso y fueron abatidos por las mejoras en la salubridad y los avances de la medicina. Sin embargo, al mismo tiempo los padecimientos crónicos continuaron aumentando en cantidad de enfermos y en variedad de enfermedades (ver capítulo de ESTADÍSTICAS).
Gracias a los avances en cobertura y conocimientos médicos, y al hecho de que los padecimientos crónicos no son en su mayoría mortales, junto con el incremento de enfermos, la esperanza de vida también ha aumentado. Se puede decir que en la modernidad hemos aprendido a vivir enfermos.

2.- “No hay relación entre los diversos padecimientos crónicos”.
Falso. Los padecimientos crónicos existen cuando falla nuestro sistema de defensa en su función básica de protegernos. La cercanía a un virus, la exposición continua a algún químico, el abuso de algún alimento procesado o desnaturalizado, nuestra predisposición genética, y otros factores, definirán cuál padecimiento crónico vamos a contraer, pero el origen del problema es que nuestro sistema de defensa está débil o bien, comprometido a realizar otras tareas vitales, que evitan esté disponible en toda su capacidad para defendernos de las enfermedades. Cuando vemos que nuestra sociedad está invadida de todo tipo de enfermedades crónicas, a niveles probablemente históricos, la primera pregunta que nos debemos hacer no es cómo curar cada una de estas enfermedades en lo particular, sino qué es lo que está afectando de manera masiva a las defensas de la población pues este es el factor común que relaciona a todos los padecimientos crónicos.

3.- “No se conocen las causas”.
Falso. Existen amplios listados de factores o causales de los padecimientos crónicos, todos ellos propios de la vida moderna. Por mencionar algunos: La exposición sistemática a metales pesados, solventes, desechos industriales, y sustancias cancerígenas; Exposición prolongada a campos electromagnéticos, rayos cósmicos, ultravioleta, y a la radiación de hornos microondas; Contaminación de agua, aire y tierra con productos químicos; Amalgamas o rellenos metálicos dentales; Cigarro, drogas, o exceso de alcohol y medicamentos; Consumo excesivo de sodio, azúcar refinada y otros comestibles desnaturalizados; Emociones negativas intensas o estrés crónico; Etc. No dudamos que todas estas agresiones al cuerpo afectan nuestras defensas estimulando con esto la proliferación de los padecimientos crónicos, pero expresados de esta forma tan general, dificulta tomar medidas correctivas específicas tanto a nivel sociedad como personal. Por esta razón de todos estos factores o causales, quisiéramos enfatizar uno que pensamos sobresale de todos los demás en su capacidad para dañar o comprometer nuestras defensas, y que consideramos es el principal responsable de la pandemia actual de padecimientos crónicos. Nos referimos a la contaminación interior, a nivel celular, con químicos sintéticos. Cada vez que llevamos una sustancia sintética (fabricada por el hombre) a nuestro torrente sanguíneo a través de la respiración o de nuestro sistema digestivo, obligamos a nuestras defensas a retirar dicho químico del organismo, pues al ser una sustancia desconocida (no natural), no sabe como procesarla o asimilarla. Claro que nuestro organismo está diseñado para recibir sustancias nuevas y extrañas (como las sintéticas), pero no en las cantidades y variedad que una persona promedio recibe cotidianamente, particularmente en las sociedades modernas.
Innumerables son las fuentes de estas sustancias químicas que finalmente terminan en nuestro torrente sanguíneo y en nuestras células, pero sin duda la mayor parte entran a nosotros a través de nuestra alimentación, cada día más artificial, en forma de saborizantes, preservantes, colorantes, edulcorantes, hormonas, antibióticos, insecticidas, etc. La cantidad de aditivos sintéticos autorizados para fabricar la comida procesada, se cuenta por miles, y su cantidad y variedad no está restringida. A lo largo de muchos miles de generaciones de evolución, nuestro cuerpo aprendió a identificar, procesar, asimilar y desechar todo tipo de sustancias de la naturaleza que entraron a nuestro organismo. Pero de repente, en 3 ó 4 generaciones, cambiamos nuestros hábitos de vida, alimentándonos de comida semiartificial y respirando un sin número de sintéticos que finalmente entran al cuerpo y que fuerzan a nuestro sistema de defensa a trabajar a toda marcha durante las 24 horas del día en la limpieza de células, tejido y órganos.
Este desgaste de todos los órganos, permitirá que cada día la intoxicación en todos los tejidos sea mayor, y que nuestro sistema de defensa pierda su capacidad de mantener nuestro organismo sano. El sistema de defensa, es sólo un nombre que define una multitud de funciones, tales como, la acción hormonal y nerviosa, la tarea depurativa de los tejidos, la función enzimática, el sistema inmunológico contra los gérmenes, la reacción inflamatoria curativa, el proceso de regeneración de los tejidos, etc. Por esta razón, las enfermedades crónicas no son solamente procesos infecciosos o degenerativos, sino de cualquier índole, pero siempre serán un problema local, causado por una intoxicación general.

4.- “No podemos hacer mucho por evitarlas”
Falso. Dentro del listado de causales que afectan a nuestras defensas, habrá algunas (como la contaminación de aire, agua y suelo), donde no podamos hacer mucho por resolverlas, al menos a nivel personal. Sin embargo, en la principal causa del debilitamiento de nuestras defensas, que es la contaminación interior, sí hay mucho que podemos y debemos hacer. Simplemente, cada vez que substituimos de nuestra dieta habitual, algún comestible contaminado, desnaturalizado o procesado, por un alimento totalmente natural, le llevamos un descanso a nuestro agobiado sistema de defensa. Y si hacemos de esto un hábito cotidiano, las posibilidades de que nos enfermemos se reducirán considerablemente. En la realidad de la vida moderna, no es posible evitar que a través de la piel, de los pulmones o en la comida llevemos al organismo cierta cantidad de sustancias o toxinas sintéticas, pero lo que debemos buscar es que sean las menos posibles (ver capítulo Cómo Prevenirlas). Esta tarea cotidiana de evitar las sustancias sintéticas no es sencilla pues los químicos y la comida artificial forman parte integral de la vida moderna, sin embargo, cualquier sacrificio que hagamos en esta dirección, conlleva un cuerpo más sano y una mejor calidad de vida presente y futura.

5.- “Son incurables”.
Falso. En teoría, (dentro de la Medicina Natural), todas las enfermedades crónicas son curables, pues si limpiamos de toxinas nuestras células, tejidos y órganos, nuestro sistema de defensa estará fuerte y disponible para vencer cualquier enfermedad. A esta forma natural de limpieza interior, se le llama, normalmente, Tratamiento de Desintoxicación. En la realidad actual esto es sólo parcialmente cierto, pues en la gran mayoría de los cientos de enfermedades crónicas no existe experiencia como para afirmar objetivamente que pueden ser curados a través de un programa de desintoxicación, y en donde sí existe dicha experiencia no contamos con información precisa de los porcentajes de éxito. A pesar de esto, con base a datos recopilados por experiencias anecdóticas, podemos afirmar, que en la mayoría de los tratamientos de desintoxicación se logra la cura total del padecimiento y la reparación parcial de los órganos y tejidos dañados durante la enfermedad. Queda claro, que hay mucho que estudiar e investigar para desarrollar y mejorar estos tratamientos de limpieza celular, pero claro también nos resulta que este es el camino a seguir. Seguramente que en la medida que la ciencia avance en este camino de curación, se irán mejorando los tratamientos y cada día las posibilidades de éxito en la practica, se acercarán a lo que la teoría dice.

SE REQUIERE UNA NUEVA VISIÓN

Esta visión sobre los padecimientos crónicos que, en lo general, la sociedad moderna ha tenido en las últimas generaciones, no sólo no ha ayudado a resolver el problema sino que ha propiciado su continuo incremento, pues cada día es mayor la cantidad y variedad de químicos sintéticos que forman parte de nuestra dieta artificial, y en general de nuestra forma de vida cada vez menos natural.
Muchas personas le apuestan a que la ciencia médica invente algunas pastillas que prevengan o nos curen estas enfermedades, sin la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimenticios. Esto no sucederá, pues no podemos ir en contra de la naturaleza y estar sanos. Vivir en la modernidad no debe significar que nos alejemos de lo natural, por el contrario la verdadera modernidad debe ser sustentable, es decir sin necesidad de destruirnos a nosotros mismos.
Después de tanto dolor que estos padecimientos han causado a varias generaciones, ya es tiempo de empezar ha hacernos preguntas básicas que nos puedan explicar estos padecimientos, claramente propios de la modernidad. Por ejemplo, en lo que se refiere a las sustancias que el hombre ha inventado para diversos usos y que finalmente terminan en nuestro torrente sanguíneo, podríamos preguntarnos: ¿Cómo ve nuestro cuerpo estas sustancias que no están en su memoria genética; podrá transformarlas, asimilarlas, desecharlas? ¿Cuál es la cantidad máxima de estas toxinas sintéticas que nuestro cuerpo puede procesar o desechar al día? ¿Cuál es el efecto de largo plazo que estas sustancias tienen en el cuerpo humano? ¿No sería conveniente hacer pruebas clínicas de largo plazo a estas sustancias antes de autorizar su uso como alimento?
En cuanto al enfoque que la ciencia médica ha seguido en sus investigaciones por más de 70 años, sin obtener resultados curativos, nos preguntamos: ¿No será tiempo de cambiarlo? ¿Por qué no probar un enfoque natural si ya ha demostrado ser efectivo? Veamos algunos conceptos naturales que en nuestra opinión deberían de ser tomados en cuenta para avanzar en la cura de los padecimientos crónicos:

a.- No tratar de curar directamente la enfermedad crónica local, pues esta no es en sí la enfermedad, sino el resultado de un sistema de defensa comprometido por una intoxicación general, que trae como consecuencia una célula enferma. La enfermedad crónica es más bien un síntoma local de un padecimiento sistémico. No ver las enfermedades crónicas como si fueran diferentes unas de otras. Verlas a todas como si fueran diferentes síntomas de una misma enfermedad global.

b.- Ver al organismo como un todo. No podemos, de forma crónica, tener enferma una parte de nuestro cuerpo y sano el resto. Si una parte de nuestro cuerpo está permanentemente enfermo, es porque todo nuestro cuerpo está enfermo.

c.- No ver órganos o tejidos enfermos, sino células enfermas de todo nuestro organismo. Enfocarnos en curar una célula, si lo logramos querrá decir que curamos a todas. La célula que está enferma, tiene sustancias extrañas dentro y fuera de ella.

d.- No buscar la solución en una píldora milagrosa, ni en ningún medicamento, sea natural o sintético, sino en tratamientos que colaboren con la desintoxicación y que ayuden a la nutrición de nuestra célula enferma, pues ambos efectos se dan al mismo tiempo. Los tratamientos que mejoren la circulación sanguínea, que lleven más oxígeno, más nutrientes, que estimulen al hígado, los riñones o al sistema inmunológico, serán siempre positivos en la limpieza interior.

e.- Suspender o reducir a un mínimo la entrada al organismo de toxinas sintéticas, de sodio y de alimentos artificiales. “Hacer que nuestro alimento sea nuestra medicina y que nuestra medicina sea nuestro alimento”.

f.- Creer en el diseño de la naturaleza. Enfocar la curación en la desintoxicación y dejarle a la naturaleza (sistema de defensa) la tarea de la curación del padecimiento crónico. Nuestro cuerpo está bien diseñado, nosotros somos los que no le damos un buen uso.



 
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